¿Qué es la dermatitis atópica?

Por Dra. Sandra Canova (Dermatóloga) MN: 42644 MP: 592

Es una de las enfermedades de la piel más frecuentes en la infancia y en un 50% hay una historia familiar de dermatitis atópica u otros padecimientos alérgicos como rinitis o asma.
El signo principal de esta enfermedad es el prurito (picazón).

Comienza después de los tres meses de vida y evoluciona por brotes, con remisiones y exacerbaciones, esto quiere decir que los brotes retornan y muchas veces empeoran, con picos máximos en la primera infancia. Y se extiende en un 60% en la adolescencia, pudiendo persistir en la edad adulta.

Presenta una morfología y distribución característica de las lesiones según la edad:

Lactante: Mejillas coloradas descamadas, y a veces exudativas.

Zona del pañal: enrojecimiento y descamación.

Cuero cabelludo: descamación.

Extremidades y zona de extensión: piel seca

De los 2 a los 12 años: Lesiones en área de flexión y pliegues.

Eritema (enrojecimiento) pápulas, vesículas, y liquenificación (aumento de la trama normal de la piel por el intenso rascado)

Mayores de 12 años: lesiones en superficie de flexión y o extensión y en las manos.

El tratamiento se basa en controlar el prurito y la inflamación.

Podés ayudar al bebé evitando todos aquellos factores que precipiten o aceleren la aparición del brote.
Estas son algunas de las cosas que debes tener en cuenta:
Algunas recomendaciones:

-La ropa no debe ser de nylon ni de lana ni de fibras sintéticas, sino de algodón o hilo, no ajustada y, en lo posible, de colores claros.

– La higiene diaria se debe realizar con agua tibia (de 32° C), baños cortos (no más de 5 minutos) con jabones cremosos.

Se recomienda utilizar los que contengan avena o sustitutos del jabón. No de glicerina.

– Secar la piel sin frotar. Luego del baño, humectar la piel para evitar la sequedad y el prurito. El baño diario es el factor clave: suaviza y aporta flexibilidad, calma la irritación y disminuye la sequedad.

– Hidratar la piel con cremas nutritivas específicas, recomendadas por el médico.

-Humidificar los ambientes, evitar cambios bruscos de temperatura.

– Mantener las uñas del niño cortas y limpias. Hacer todo lo posible para impedir que se rasque o se frote la piel, algo que contribuye directamente a prolongar y agravar las lesiones.

– Evitar el contacto con determinados alérgenos, como alfombras, muñecos de peluche o animales; y el manejo de elementos irritantes, como ciertos jabones, detergentes, perfumes y otros químicos.

Es el médico especialista, quien debe calmar la ansiedad y angustia que provoca en el paciente y su familia esta enfermedad, para que puedan alcanzar una mejor calidad de vida.

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