Mirando en el tiempo

A partir de determinado punto histórico en el recorrido de nuestra vida comenzamos a mirar atrás, haciendo un paseo por tiempos remotos que perduran en el recuerdo con olores, palabras, gestos…nos aferramos a personas que ya no están y las abrazamos con el alma, añorando esos tiempos en que caminar juntos era una obviedad. Entonces nos envuelve un alo de nostalgia, desearíamos volver el tiempo atrás para decir aquello que no considerábamos prudente en ese momento, para confesar emociones que no nos animábamos, para besarlos más, acariciarlos, tomarles la mano y perdernos en el silencio de una mirada profunda…Es compleja la muerte, la perdida es dolorosa y difícil de transitar, nos quedamos amando, hablando solos y nuestras palabras rebotan en el eco de la ausencia, volviendo a nosotros como azotes del viento…

Transitando casi la mitad de la vida, me encuentro añorando un encuentro en particular, con una gran mujer que partió cuando aún no estaba en condiciones de plasmar mis sentimientos en una carta, cuando aún no me resultaba necesario decir ‘te quiero’ porque era algo obvio, cuando aún no había superado mi vergüenza para contarle cuestiones del corazón, con las que he comenzado de muy pequeña…

Su presencia era luminosa, donde ella estaba uno podía sentirse a salvo porque su sonrisa poderosa era capaz de dejar sin efecto cualquier tipo de reto paternal, cualquier negativa o llamado de atención severo, de esos que promueven la fuga de la diversión, de la felicidad, que por ese entonces era tan fácil de alcanzar: salir a chapotear en la lluvia o jugar a la rayuela en la calle nos permitía llegar al mismísimo cielo y suspendernos en él por momentos eternos.

Pero no solo era mi guardiana ante estas coartadas de libertad que los padres se ocupan de infringir contra sus hijos, ella se ocupaba de mi tiempo, de compartirlo conmigo a mi modo o al suyo, todo lo que pasaba por esa cabeza radiante de canas y luz era maravilloso para mi, adquiriendo el estatuto de genialidad…entonces me contaba un cuento que le dictaba su imaginación sagaz, retratando las escenas en una hoja que deambulaba por la casa –que a partir de entonces, había pasado a mejor vida, sin duda- y entonces yo podía volver a la historia una y otra vez observando los dibujos que eran magnificas obras de arte que me trasladaban a otros mundos…todavía tengo esas obras conmigo y siguen provocándome admiración, ternura, respeto; creo que respeto muchísimo su persona por la fuerza, la tenacidad y la integridad con la que transitó por la vida y admiro profundamente su calma, su enorme amor por el otro y su imaginación para hacer de la pobreza una posibilidad y no una limitación…

Yo no tuve posibilidad de conocer a sus muñecas de trapo porque yo tenia de las otras plásticas y compradas en un local, pero mi mamá y mis tías tenías muñecas que ella misma les diseñaba para que no les falte nada…y asi era, mi mamá nunca dejo de compartir con nosotros los detalles de su infancia, sus rutinas, anécdotas y en cada relato repetido en el tiempo me doy cuenta que mi vieja fue feliz, con casi nada fue feliz…

Parece que hay que estar muy despojado de todo, muy vaciado de todo para poder encontrarse con mucho: Con la posibilidad de darle al otro tanto, un tanto que tiene que ver con amarlo simplemente y que eso no sea contaminado por la falta, o tal vez encontrar en esa falta la posibilidad de crear otra cosa, de que circulen otros sentidos y entonces el plus de la imaginación asoma en nuestra vida…Con tan poco, tanto…

Nata Ragusa (2012)

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