Lograr el equilibrio entre el trabajo y la maternidad

¿Quién no escuchó que tener un hijo te cambia la vida en todos los aspectos? Antes de tenerlo, quizá nos parecía una frase hecha, pero cuando finalmente llega ese día, ya no volvemos a ser las mismas. Y es porque no habíamos imaginado que esta nueva realidad iba a cambiarnos tanto, y a mostrarnos que ese nuevo ser justamente es quien se convierte en La Prioridad.

También puede suceder que no tengamos opción y debamos volver a trabajar, aunque no tengamos nada de ganas, pero para lograrlo y no morir en el intento, esto es lo que podemos hacer:

Fortalécete y confía en ti: Aun cuando sientas que ser mamá te sensibiliza y ablanda por completo, también te fortalece. No todos van a entenderte en tu trabajo, de hecho, lo más probable es que a la mayoría no le importe que hayas dormido tres horas o que tengas que irte temprano. Entonces, entrénate para que se te resbalen las “caras largas” del jefe o la jefa. Conoce tus derechos, confía en ti misma, atrévete a exigir o a negociar algún beneficio.

Recuerda que no eres una supermujer: Es válido sentir que no puedes con todo. Organízate para que puedas sacar las tareas más importantes del día en tu trabajo, para que cuando termines tu jornada, te concentres en ser mamá ya estando en casa.

Arma tu organigrama: Si bien es cierto que los proyectos nunca se cumplen al pie de la letra, ¡también sostienen el presente! Por eso, piensa cuántos meses te vas a tomar de licencia, cuáles serán los horarios imprescindibles para ocuparte de tu bebé y cuáles para tus tareas laborales. Quizá después nada de eso ocurra como planeaste, pero tener esa organización te ayuda, porque te da la sensación de que la vida no se te escapa de las manos.

Permítete fallar: Entendamos que no somos perfectas, esa es una idea narcisista muy actual, que no nos conviene seguir. Podemos ser mujeres mucho más relajadas si aceptamos que seremos madres con fallas. La crianza de un hijo es una tarea artesanal que tiene recetas muy amplias y, si seguimos al pie de la letra alguna, a veces el resultado “idealizado” no aparece nunca. Aprendamos a aceptar la imperfección, a amigarnos con el “no puedo”, a equivocarnos. ¡Y a no sentirnos mal por ello!

Cuenta con una red de contención: Cualquiera que sea nuestra situación laboral (empleada, dueña de un emprendimiento o freelance), es imprescindible que tengamos un sistema de respaldo -padres, suegros, hermanos, cuñadas, primas, padrinos, pediatra, amigas o una persona de confianza-, en la que podamos encontrar apoyo y delegar. Sobretodo, si eres mamá primeriza, requieres a alguien que te ayude con la limpieza y las compras de la casa, para que tu atiendas al bebé y se comiencen a conocer.

Haz alianza con tu pareja: Es clave invitar y darles espacio a nuestras parejas para que se involucren más en el cuidado de sus hijos y en las tareas de la casa. Pero, y esto es clave, dejemos que ellos lo hagan a su manera, evitemos las críticas o el clásico “así no se hace, déjame a mí”. Aprendamos a confiar en ellos, que también aportan mucho en éstas etapas.

Sonia Lerman

Psicologa y Terapeuta Reiki

www.sonialerman.com

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