Ansiedad de tenerte en mis brazos

“Me quiere…no me quiere…quiero…no quiero…en este momento…después…jamás!!!???
…vale la pena…mejor no…ahora o nunca…”

Alguno de estos pensamientos o casi todos o todos deben haber precedido a esa hermosa panza que de una manera u otra llegó a tu cuerpo y una vez tomada LA DECISIÓN…un mundo de ansiedad te tomó por entero.

Es por el bebé y las ganas de tenerlo o es algo más???Qué si…que no…
Llega un momento en la vida de uno en que la pregunta se instala o al menos el coqueteo con la situación.
Vemos que otros sobrevivieron.
Que siguen más o menos vivos.
Al menos así parece. Además los vemos con un orgullo y una baba que todavía no hemos tenido por nada de lo que hicimos en la vida…
Será que REALMENTE como dicen casi todos los que han sido padres no se puede explicar con palabras…???

Pero también los oímos quejarse…que no duermes que no comen ni con M ni con G… y esta segunda variante, es la que más nos asusta!!!
Entonces, si escuchamos la parte que relatan con alegría y vemos al hermoso bebé -que es lindo por más feo que sea- en los brazos de la mujer de nuestro amigo, y la vemos darle la teta, y nos encaramamos en esa imagen de plenitud…nos tienta la idea y nos vienen las ganas, y la ternura posible se asoma por todas partes, aunque tratemos de empujarla para el fondo de nuestra casa.
Pero si escuchamos la oficina de reclamos y cuando se van juntamos todo lo que se quejó ella con todo lo que se quejó él volvemos a tentarnos con alquilar una película, comer pizza en la cama y hacer el amor a conciencia hasta que se nos caiga el moño.
Y bueno…”que sea lo que DIOS quiera”

No sé qué día dijimos o no dijimos eso, pero algo pasó, y lo que pasó se dibujó con dos rayas rosadas un día en nuestro baño…
Y de ahí en más la ansiedad y nuestra alma pasaron a ser íntimos amigos.

Las sensaciones que describen las alumnas con las que trabajo en las Reflexiones posteriores a la Gimnasia en los grupos de embarazadas, o las pacientes y los pacientes que atiendo en relación a su futura maternidad o paternidad son múltiples y variadas.
Las mujeres en general tienen una dualidad que las leva a estar muy “felices” pero a la vez muy “preocupadas”.
Los cambios de humor, y la incoherencia en sus actitudes y sentimientos se transforman en una condición casi permanente.
Los cuestionamientos, las fantasías, las dudas e incluso por ratos el arrepentimiento de la decisión tomada o de la decisión que la tomó a ellas, son una constante en la mayoría de las mujeres que cruzan una gestación.
Y aquí no hay mucha diferencia a veces entre las que lo buscaron incansablemente, y las que lo lograron de un día para el otro.

“Estoy muy ansiosa”
De alguna manera sería lógico que ante tantas novedades y tantos cambios que se suman a la vida se genere una sensación de ansiedad.
La misma a veces se canaliza con llanto, otras con trastornos en el sueño, otras con la comida…
A veces es mal humor, a veces irritabilidad a veces desgano…

El problema se instala cuando esta sensación no permite ver en perspectiva, todo lo pone en primer plano y lo cotidiano se complica, y se hace tedioso llevar adelante los compromisos preexistentes, o los nuevos compromisos.
A veces esta ansiedad se transforma en angustia, y esa angustia en culpa, por no poder disfrutar de este momento, que había sido de alguna forma soñado, como uno de lo que seguramente sería el más pleno de la vida.
Un cierto nivel de ansiedad es esperable, si se pasa de la raya y hace que la mujer se sienta mal anímicamente con frecuencia o permanentemente, ya es algo para consultar y tratar.

 

Allí evidentemente no solo es las ganas de tener al bebé lo que aparece, sino el temor por lo desconocido, que se agiganta y paraliza.
¿Cómo encontrar el equilibrio?

Una vez aceptado el nuevo estado, una vez elegido el equipo médico que nos acompañará, y fundamentalmente estar al día con la tranquilidad que brindan los controles, las ecografías, y demás estudios de rutina, debería bajar esa sensación y darnos aire para estar tranquilas.
Hay formas de entrenar el ánimo para que sea más fácil de convivir con él.
La consulta Psicoterapéutica es una de ellas, allí en un encuadre adecuado, se despejan dudas nuevas y viejas, se acomodan las emociones, se ordenan la variedad de emociones que nos asaltan.

No hace falta estar “loca” para acceder a una consulta con un profesional entrenado en estas áreas.
La consulta preventiva o a tiempo puede ayudar a calmar las aguas a abrir espacio para hablar en profundidad de los miedos las dudas, brindarle espacio a la incertidumbre…

También es bueno integrarse a grupos adecuados y especiales para mujeres que están pasando por la misma experiencia.
Allí mientras se fortalece el cuerpo haciendo Yoga o Gimnasia o Eutonía o la técnica que se elija se fortalece al espíritu.
Se siente uno que no está solo, se compara, se observa, se mira y se mima, se da lugar.
A la vez aprende, crece se forma de una manera nueva a la espera de recibir todos los cambios que van a acontecer con mayor plenitud.
Otra manera es si se está en pareja mantener un diálogo sincero y fluido con él.
Dar a conocer las emociones por más contradictoria que parezcan por ahí permite la sorpresa de descubrir también de una forma diferente a ese hombre que creíamos conocer que ahora en virtud de ser padre, se ve atravesado por nuevos sentimientos.

M o r a l e j a
No hay que cerrase por las nuevas sensaciones por más contradictorias que parezcan, hay que darse el permiso para sentir lo que sentimos.
Es bueno tomar este complejo proceso del embarazo con la seriedad que merece y hacer cosas concretas para pasarlo de la mejor manera posible.
La ansiedad es inevitable, recibámosla pero no le demos todo el lugar.
Busquemos el bienestar, que hay muchas maneras de encontrarlo, aún en situaciones complejas.

(*)Lic. Adriana Penerini
Psicóloga
Directora de Bebé a Bordo
Especialista en Maternidad, paternidad y Crianza
Fuente: www.bebeabordo.com.ar

Comentarios