Síndrome del niño vulnerable (Prematuros)

La consulta al Equipo de Salud no reemplaza en ningún momento las indicaciones y sugerencias expuestas en este sitio. Es el Equipo quien debe contenerlos y apoyarlos, como además guiarlos por este hermoso camino que es compartir el crecimiento y desarrollo de sus hijos.

¿Qué es el síndrome del niño vulnerable?

La angustia de haber tenido un niño en una Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales inclina a muchos padres a lo que se ha dado en llamar el Síndrome del niño vulnerable. Dichas actitudes pueden llevar a una sobre indulgencia o exceso de permisividad.
Las familias pueden tener problemas con la imposición de límites, lo que puede interferir con el normal desarrollo del niño, que puede volverse dependiente, demandante, o manifestar una conducta descontrolada.

A la inversa, otro aspecto de este síndrome es la presencia de una mayor incidencia de niños golpeados o abandonados por falta de apego.
Las familias deben tratar de lograr una vida cotidiana lo más “normal” posible en el cuidado y actividades diarias de su niño, para el desarrollo de un vínculo saludable.

¿Cómo prevenir el síndrome del niño vulnerable?

Desde un principio los padres deben procurar relacionarse con su hijo de la misma manera que lo harían si su niño hubiera nacido luego de una gestación completa.
Animarlo a que trate con otros niños y a que realice actividades apropiadas para su edad.
La expectativa de los padres durante los primeros dos años de vida, deben tener relación con la “edad corregida” del niño. Por ejemplo, si el bebé tiene 10 meses y nació 3 meses prematuramente, sus expectativas deberían ser aquellas que se esperan de un bebé de 7 meses.

Después de la edad de 2 años, no hay que corregir su edad de esta manera.

Algunas cosas que se puede hacer para prevenir el síndrome del niño vulnerable son:

• Incentivar el trato del niño con otros niños de su edad.
• Alentarlo a realizar actividades sólo cuando pueda hacerlas.
• Darle la oportunidad de tomar decisiones, ofrecerle alternativas.
• Encontrar oportunidades para jugar fuera de la casa, tales como parques y grupos de juego.
• Elogiar sus logros.
• No apresurarse a intervenir cuando el niño esté aprendiendo por acierto y error.
• Poner límites apropiados y ser coherente con ellos.
• Establecer rutinas para que sepa qué esperar y pueda desarrollar independencia.
• No hablar por ellos si son capaces de expresarse por sí mismos.
• Hablarles de una manera apropiada para su edad (por ejemplo, no usar lenguaje infantil para dirigirse a un niño de 3 años de edad).

(*) Extraído de PARA LOS PADRES DEL BEBÉ PREMATURO – RESPUESTAS A PREGUNTAS QUE SE HACEN FRECUENTEMENTE- Programa de la Universidad de Wisconsin y el Centro de Cuidado Prenatal en el Hospital Meriter, Madison, Wisconsin, EE.UU.

Fuente: APAPREM

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