Amamanté poco

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Por falta de apoyo. Por falta de información. Por creer en mitos. Por desesperación. Porque trabajaba, estudiaba o estaba todo el día sola y me era difícil. Porque en lugar de disfrutarlo me sentía frustrada.
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No amamanté…
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Porque creía que no me salía suficiente leche. Porque mi bebé lo rechazaba o porque lloraba y lloraba. Por enfermedad mía, por enfermedad de mi bebé. Por decisión propia o porque lo deseaba pero no lo logré.
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Y duele…
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Duele ver publicaciones de lactancia donde dice que los bebés amamantados se desarrollan mejor. Que sufren menos enfermedades, que están más protegidos. Duele el apego, el creer que no tendré esa conexión con él. El levantarme por las madrugadas, con frío, a preparar una mamadera y tirar lo que no tomó. Duele en la economía, con lo que gasto en fórmulas… podría invertirlo en algo mejor.
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Duele que pido un consejo en grupos y lo primero que me dicen es «dale la teta» pero no saben que lo intenté y no pude, a veces me ofendía porque era mi herida abierta la que hablaba por mi. Todo eso duele y dolía.
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Pero un día entendí que no es la única forma de crear un vínculo. Que seguramente me faltó información verídica, no dejarme llevar por mitos, o más apoyo.
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Y crecí y sané!
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Mi bebé creció también… siempre tan sonriente, saludable y fuerte. Me ama y yo a él.
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Ahora que tengo información, me empodero y empodero a las demás, porque las mujeres fuertes nos construímos juntas.
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Porque somos compañeras, no competencia ni enemigas.
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La leche materna es la mejor opción, por eso la recomiendo y la promuevo.
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Y porque hay mamás que amamantan y otras que dan biberón, ambas alimentamos con el pecho cálido y con el corazón.

 

Fuente: educacionmoderna

 

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