A explorar

Entre los 13 y los 18 meses, el comportamiento de los niños demuestra con claridad que se encaminan hacia lo que se conoce como “los terribles dos”. Es durante esta etapa, cuando el bebé comienza a percibir cambios en la relación con sus padres, estos ya no festejan todas sus acciones sino que, por momentos, se muestran serios o enojados. El niño ha dejado de ser “Su Majestad”. Ahora, se le prohibe realizar ciertas acciones o manipular determinados elementos.

A esta edad, al sugerirles algo – los atraiga o no -, los niños responderán firmemente “NO”. De esta manera, imitarán las actitudes de sus padres hacia sus nuevas conductas sin que ello implique una modificación de sus sentimientos hacia Mamá y Papá. Esto nos demuestra, nada menos, que el bebé está madurando correctamente afirmándose a sí mismo.

En esta etapa los nenes son exploradores por naturaleza: sacuden la mesa o cualquier cosa que no esté fija. Quieren tomar todos los libros, trepar sobre cualquier superficie que puedan alcanzar, colocar elementos pequeños dentro de otros grandes y viceversa. Es por esto que los padres deben evitar, constantemente, que sus hijos se lastimen o causen daños en el hogar.
A ellos, este nuevo rol los desconcierta y, en consecuencia, los desborda, todo ha cambiado en la convivencia familiar. Al principio no basta con decir simplemente no. Por ejemplo, si vemos a un bebé que se está acercando a un horno caliente, no nos quedamos sentados diciendo “no” en tono desaprobador sino que, por el contrario, intervenimos activamente y, acercándonos a él con rapidez, lo alejamos de la zona de peligro. Esta actitud enérgica surgirá con naturalidad cada vez que un padre quiera evitar que su hijo se haga daño. Se trata, sencillamente, de comenzar a poner límites para cuidarlo y ayudarlo a crecer con amor.

Lo ideal es que siempre que el niño tome un objeto que no deseamos  que utilice, por su seguridad o la de dicho objeto, lo apartemos del mismo y le ofrezcamos a cambio una revista, una caja vacía o cualquier otro objeto que sea seguro o interesante para él. Si unos minutos después vuelve otra vez a intentar tomar el objeto anterior hay que alejarlo con rapidez y decirle que “-no” para reforzar la acción. De esta forma demostramos, con tacto y firmeza, que estamos convencidos de que ese objeto no es para jugar y dejamos de lado discusiones, enojos o miradas que no servirán de nada y le damos la oportunidad de desistir  u olvidarlo.

En esta etapa los chicos son fáciles de entretener ya que están ansiosos por descubrir el mundo que se muestra ante sus ojitos y todo lo nuevo los atrae. Por ello, se mostrarán muy interesados en todas las nuevas actividades que puedan realizar solos o acompañados. Manipular la cuchara, revolver la comida, dar vuelta la taza o tirar el plato son algunas de esas actividades que se manifestarán, por ejemplo, a la hora de comer.
Cada vez que estén satisfechos o cuando no tengan apetito, los chicos perderán el interés por alimentarse y comenzarán a jugar con la comida. Cuando  esto suceda, es conveniente dejarlos bajar de la silla y retirar los alimentos. Si en tal caso demostraran – a través del llanto –  que en realidad si tenían apetito, se puede volver a intentar que coman. Es importante tener en cuenta que, aunque se esfuercen mucho por comer solos, llevará tiempo hasta que lo hagan correctamente sin provocar pequeños desastres, lo ideal es que cuenten con un plato pequeño y una cuchara para practicar solos (al principio se ayudaran con las manitos) mientras nosotros, adultos, alimentamos al pequeño con otro plato y cuchara.
Cabe aclarar que, a esta edad, los bebes sienten un fuerte impulso de sumergir los dedos en la comida o de volcar algo de líquido en la bandeja para experimentar con las sensaciones.

Es importante hacer todo sin enojarnos y saber diferenciar cuándo el niño está jugando o cuándo está desarrollando su autonomía intentando comer solo. Así, ayudaremos a que los nenes formen el hábito de comer cuando sientan hambre. Para esto es conveniente establecer rutinas y horarios de alimentación teniendo en cuenta siempre las recomendaciones del Pediatra y tratando de evitar las golosinas o demás alimentos que puedan modificar el apetito del bebé antes del almuerzo o la cena.

Los niños deben descubrir por si mismos lo que hay en el mundo pero más importante, aún, es que tengan el deseo de descubrirlo. Para ello es importante que cuenten con un ambiente que los contenga y estimule, siempre respetando la etapa que atraviesan. Este ambiente debe estar compuesto, sobre todas las cosas, por amor, respeto y límites gracias a los cuales el pequeño podrá dedicarse a explorar el nuevo mundo y a aplicar sus nuevas habilidades.
Así, los niños continuarán día a día aprendiendo y practicando. Con cada logro llegará la satisfacción. De cada frustración se recogerá una enseñanza. Lo importante es que al finalizar cada recorrido contarán con unos brazos tiernos que los abrazarán con orgullo.

RominaDeguer
Jugando con Mamá

 

 

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